Estar "En Control" Lo Posible y lo Imposible de Ser Padres
Estar “En Control”
Lo Posible y lo Imposible de Ser Padres
Se espera que los padres se mantengan en control de sus vidas, sus niños y ellos mismos. ¡Gran parte de estas expectativas son imposibles de satisfacer! Pero porque no hay manera de aprender las habilidades de padres y las verdades por anticipado, nosotros como padres batallamos y nos preocupamos cuando parece que no estamos “en control”, o cuando estar “en control” significa ser duros con nuestros hijos. Vamos primero a delinear las cosas que ningún padre puede controlar por completo.
· No tenemos el control absoluto de nuestras vidas. Cosas duras pueden ocurrirnos a nosotros o a nuestros hijos, y las opresiones de la sociedad pueden forzarnos a circunstancias inhumanas. Hay cosas que podemos hacer para mantener sanas a nuestras familias, pero no tenemos el control absoluto en eso. Hay cosas que podemos hacer para estar en posibilidad de pagar las cuentas, pero la seguridad laboral y ganar salarios cuantiosos para la clase trabajadora no son cuestiones sobre las que tengamos el poder de determinar por nosotros mismos. Trabajamos para construir buenas relaciones, pero muchos de nosotros no iniciamos con las herramientas, apoyo, información, o tiempo para resolver los problemas críticos de las relaciones. Nos alzamos también contra el racismo, las drogas, la violencia y la crueldad en las escuelas y las calles. Pero nosotros mismos y nuestros hijos, somos vulnerables a lastimaduras y dificultades imprevistas. El condenarnos por la falta de control no tiene sentido. La influencia que podemos lograr cuando enfrentamos estas condiciones de vil opresión o de tiempos difíciles en la salud, reside en nuestra habilidad de organizarnos con los otros para hacer lo que sea necesario, CON MUCHISIMA AYUDA.
· No tenemos control sobre el comportamiento de nuestros hijos. Tenemos una profunda influencia sobre ellos. El cómo amamos, apapachamos y tratamos a nuestros hijos, los afecta en cada momento, y por el resto de sus vidas. Pero nuestra influencia no implica que podamos ejercer control sobre lo que piensan y sienten. Ni tampoco quiere decir que un niño, cuyo comportamiento es difícil venga de un padre que no este intentando lo suficiente, o que no esté haciendo las cosas correctamente. Nuestros hijos están sujetos a dificultades a causa de circunstancias más allá de nuestro control – su salud, accidentes, encuentros, inesperados con personas que no los cuidan bien, una gran cantidad de estress en nosotros, incidentes imprevistos atemorizantes. Cuando los niños son lastimados por este tipo de circunstancias, su comportamiento refleja sus miedos y puede percibirse como “difícil”. ¡Pero esto no es culpa de los padres!. Es más, este comportamiento “descarriado” es necesariamente una señal que el niño nos da de que ha sido herido y necesita de nuestra atención. Independientemente de lo “difícil” que pueda ser su comportamiento, nosotros como padres, podremos estar agradecidos que nuestro niño sé rehuse a sufrir en silencio cuando se siente demasiado aislado, asustado, o enojado para pensar.
· En lo inmediato, a veces no tenemos control sobre nuestro propio comportamiento. Uno de los grandes shocks al ser padres, es encontrarnos gritando o lastimando a nuestro adorado hijo, cuando nunca tuvimos la intención de hacerlo. Hay cosas que ellos hacen que nos sacan de nuestras casillas – gimotear, hacer tiradero, pelear entre sí, usar palabras malsonantes, hablar mal de nosotros cuando estamos tratando de obtener el control. Cada uno de nosotros tiene sus propios umbrales de resistencia, que cuando son rebasados, perdemos el poder sobre nuestro propio comportamiento. Normalmente, nos convertimos en algo parecido a nuestros padres cuando perdían el control de sus reacciones.
· Finalmente, no tenemos absoluto control acerca de lo que otras personas sienten acerca de nosotros o nuestros hijos. Nosotros los padres, tratamos mucho de que nuestros hijos cumplan con un estándar no escrito de “avenencia” con los otros, esperando que si ellos “actuan correctamente”, van a gustarle a la gente. De hecho, vivimos en una sociedad en donde a los que ya crecieron, se les enseña a ver a los niños como “problemas”, “dificultades”, “trabajo extra”, “estorbos” y más. Este entrenamiento está bastante extendido, y no importa que tanto un niño pueda “avenirse”, esas actitudes permaneces bajo la superficie en muchas personas, que esperan ser disparadas. Nosotros como padres necesitamos decidir, por el bien de nuestros niños, no atacarlos para complacer a los adultos que solo aceptan a los niños si actúan como adultos. Aún el mejor comportamiento de un niño, no puede curar esta clase de actitud hostil. Así que si tu hijo está haciendo un saludable berrinche enfrente de un pariente que explícitamente te demanda que lo sometas, puedes simplemente retirarte a un cuarto alejado para manejar la situación, tomándote el tiempo que necesites. Ser severo con tu hijo a causa de la demanda de alguien más, no te ayudará a respetarte a ti mismo, no cambiará los prejuicios de los adultos en contra de tu hijo, y te pone en contra del niño a quien tu amas tiernamente.
LA META DE SER UN APRENDIZ
Yo pienso que nosotros como padres podemos fijarnos metas razonables:
· Disfrutar a nuestros hijos
· Aprender algo nuevo cada día
· Considerarnos aprendices a nosotros mismos y a nuestro hijo
Decidir ser aprendices puede quitarnos mucha presión interna y también a nuestros hijos. Los aprendices tienen permiso para cometer muchos errores, los aprendices piden ayuda, los aprendices a menudo no saben que hacer o como funcionan las cosas. Lo mejor de todo es que los aprendices se ríen (o lloran) cuando su proyecto se voltea de cabeza y fracasa estrepitosamente enfrente de todo mundo. Es comprensible. Así es esto del aprendizaje.
Si estamos aprendiendo, entonces sabemos que podemos hacernos cargo de algunas cosas y resolver el resto de una manera confusa y por casualidad. Como padres, pueden sernos de enorme utilidad algunas estrategias del tipo “estoy aprendiendo, no controlando”.
· Reconoce activamente lo que es divertido, lo que está bien, lo que funciona correctamente. Nuestras mentes se quedan tan atoradas en las metas que tenemos a la mano que perdemos de vista quien nos gusta, quién va bien y las pequeñas cosas que vamos aprendiendo. Puede ser útil el poner una pequeña lista en el refrigerador o en el espejo del baño, en donde puedan ser vistas por todos unas pocas palabras acerca de lo que estuvo bien en ese día. Algunas familias comienzan la cena con una pequeña ronda de ¿qué es lo que estuvo bien este día? para que lo niños puedan participar, y tengan la oportunidad de contar su experiencia y ser escuchados por toda la familia.
· Da la bienvenida a los sentimientos de tu hijo. Los sentimientos ocupan una gran parte de la vida de los niños, y expresando estos sentimientos es como los niños se recuperan de las experiencias duras, pequeñas y grandes, que les suceden. El llanto, los berrinches y la risa, son profundamente curativos para los niños. Expresar esas emociones en toda su dimensión le quita a los niños la sensación de que sus vidas no son lo suficientemente buenas. Cuando terminan, se reconectan con su sentido de amar y ser amados. Puede ayudarles el que te acerques y los escuches a través de sus tormentosas congojas, pero si no puedes hacerlo, contempla la posibilidad de dejarlos de criticar, avergonzar o culpar mientras sacan los sentimientos de tristeza o enojo.
· Encuentra a un escucha para tus propios sentimientos. Nosotros como padres y madres tenemos también muchos sentimientos y hemos sido entrenados para tragárnoslos, como si no existieran. De hecho, tragarse los sentimientos, es equiparado ¡con “mantener bajo control” nuestras vidas! El problema es que no podemos tragarnos los sentimientos para siempre. Nuestras preocupaciones, frustraciones, enojos se incrementan, requerimos cada vez de un mayor esfuerzo para tragárnoslos, y finalmente, explotan cuando la más insignificante cuestión está mal. Con frecuencia explotamos contra nuestros hijos y siempre nos arrepentimos después. Encontrar a otro padre y establecer un tiempo de escucha por teléfono o después de que se duerman los niños, puede ayudar a aliviar la carga que crean nuestros sentimientos. Una buena risa, un buen llanto, un buen desvarío acerca de la enorme cantidad de expectativas que estamos tratando de satisfacer, puede hacer mucho para aligerar nuestros pasos y ayudarnos a recordar que somos buenos, sin importar que tantos errores hayamos cometido o cuantas respuestas no conozcamos en ese momento.
· Reconoce aquello que no sepas como hacer y habla con otros acerca de ello. En la vida de cada padre probablemente suceden 50 cosas al día ¡que no entiende! ¿Por qué no accede el niño a cepillarse los dientes voluntariamente? ¿porqué se asusta de la oscuridad? ¿Porque los pre-adolescentes piensan que tú eres la persona mas aburrida que hayan conocido?. Estar abiertos a aquello que no sabemos es una excelente estrategia de aprendizaje. Nos torna en buscadores activos de información y entendimiento. Y también está bien el estar abiertos hacia nuestros hijos cuando no sabemos que hacer. “No sé que hacer contigo cuando te rehusas a ayudar en las tareas de la casa. Estoy pensando en como hacerle. ¿Podríamos hablar de esto mañana, después de que yo haya hablado con varias personas a ver si ellos me dan unas buenas ideas?”. Esta es una buena manera de abordar un problema con un niño.
· Organiza la ayuda. Estamos entrenados a pensar que pedir ayuda es admitir debilidad. Sin embargo existen muchas clases de trabajo que no han sido diseñadas para que las realice una persona sola. Construir tabiques, operar un supermercado, cuidados intensivos en la lactancia y criar niños, son la clase de trabajo que solo puede hacerse bien con varias personas organizadas para trabajar bajo un propósito común. Cuando damos a luz a nuestros hijos, la mayoría de nosotros no tiene idea de que organizar ayuda era parte de la descripción de funciones del trabajo de padres. Aprendemos esto generalmente, al quedar exhaustos tratando de hacer todo nosotros mismos y sintiéndonos pésimo cuando tenemos que “rebajarnos” a pedir ayuda. Pero cualquier padre con experiencia puede reconfortarte diciéndote que todos los padres necesitan un tiempo sin sus hijos, todos los padres necesitan que otros cuiden a sus hijos, todos los padres necesitan personas que piensen y con quienes puedan hablar acerca de los detalles de la vida con los niños. ¡Todos los padres necesitan ayuda!
· Tira las expectativas por la borda. Cuando estás haciendo un esfuerzo por apreciarte a ti mismo o a alguien más. Tira las expectativas por la borda. Deja que la casa sea un desastre por un par de semanas, meses o años, o no te preocupes por servir comidas calientes, o deja que los parientes se pongan gruñones porque decidiste no irlos a visitar este mes, o duerme en tu hora de comida, aunque la gente en el trabajo hable de ti. Tu has de decidir lo que es realmente necesario y lo que no y tratar de mantener las apariencias cuando se es padre, es una aniquilación de la alegría. Tienes permiso de dejar que las cosas sean imperfectas, y aun así, estar orgulloso de ti mismo, tu familia y tus decisiones.
· Organiza juegos que incluyan la risa. A los niños les encanta reír, y cuando estamos dispuestos a jugar con ellos para que rían (¡sin hacerles cosquillas!) se llenan de ánimos y de esperanza. Es contagioso. Los vemos menearse con deleite, viniendo hacia nosotros por diversión y mucho contacto, y no podemos evitar el estar encantados. Nuestra taza vacía de esperanza comienza a llenarse de nuevo. Tenemos mucho que aprender de los niños acerca de cómo una buena vida, incluye tiempo para jugar, luchitas, correteadas, atrapadas, en donde los adultos puedan “perder”, pero todos recuperen el sentido de que es bueno estar vivo.
· Cuando estés al borde de la ofuscación, acuéstate en el suelo por un rato. Cuando estamos desgastados, las cosas que hacemos generalmente no tienen mucho éxito. Nuestras tensiones y las de nuestros hijos, forman un nudo que se va enredando cada vez más apretado. En momentos como ese, si nos “rendimos” por 10 o 15 minutos y nos echamos en el suelo, esto proporciona un contraste suficiente con la situación anterior, para que nosotros y nuestros niños podemos iniciar con frescura nuevamente. A veces podemos darnos permiso de llorar, lo cual ayuda a aligerar la tensión. A veces, nuestros niños vienen hacia nosotros y deciden que quieren estar cerca. Se nos sientan en la panza, o se arrastran debajo de nuestras piernas o empiezan a brincar alrededor de nosotros para divertirse. Habiendo abandonado el esfuerzo de estar en control, podemos comenzar a poner atención sobre como son las cosas, en vez de la manera en como quisiéramos que fueran. Sin el esfuerzo de estar en control, a menudo es más factible tomar decisiones que funcionen y que nos vuelvan a gustar de nuevo los niños que tenemos.